Quiero la cabeza de Paula Quinteiro

08/04/2018
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Las palabras “moral” y “ética” están completamente fuera de lugar en un asunto que no muestra más que miseria, cainismo y una absoluta falta de escrúpulos.

No hay reunión de viejos camaradas en la que algunos no recuerden una anécdota de mi amigo H. Durante una cena, el H. miró la última croqueta que quedaba en la bandeja. Hasta que, después de un momento de meditación, se decidió, tomó un cuchillo, lo cortó por la mitad, se comió una parte y se fue del otro. Unos minutos más tarde, con la admirable habilidad de un cirujano, cortó nuevamente separando la mitad de la mitad, comiéndola y dejando la fracción restante. Cuando iba a hacerlo por tercera vez, alguien dijo burlonamente: “¿Planeas llegar al átomo?”

Algunos de los incombustibles secundarios de la política croqueta recuerdan demasiado a mi amigo H. Protagonistas de divisiones de divisiones, que fueron a su vez escisiones de otras escisiones, cabalgando de una sigla a otras que sería una nueva versión de “puertas giratorias”, recitando su creciente respuesta a los fracasos de los que nunca son responsables, víctimas autónomas de purgas, conspiraciones y malentendidos en los que los malos son siempre los otros; los egoístas, los otros; los intolerantes, los otros. Y todavía, sin tiempo, haciendo que el fraccionamiento y la discordia la característica que define su carrera política. Sería, en palabras de Sebald, una “historia natural de la destrucción” y en palabras de Siniestro Total “pueblos del mundo, escindíos, y mucho que la evolución continúa … “De hecho, cuando hablan de buscar” unidad “podríamos dudar si se están refiriendo a la ONU principal, el mínimo indivisible del sujeto. Sería posible preguntarles también: “¿Piensan llegar al átomo?”.

Hoy en día, son estos estudiosos de la división molecular los que apoyan y fomentan una despiadada campaña de hostigamiento contra la Sra Paula Quinteiro, utilizando como coartada hechos que sorprenden por su insignificancia. Quinteiro estuvo involucrada en un evento banal por la noche. Aparentemente un policía trató con agresión injustificada a una de las personas que la acompañaron y ella intercedió mostrando su acreditación. No se entabló ninguna acusación o investigación adicional sobre la persona agraviada. El pasar de los días, no trajo nuevos datos que alimentaran el “escándalo”. Por el contrario, estaba surgiendo información que cuestionaba el procedimiento del agente.

No había más combustible para mantener el caso hasta que llegaron los pirómanos de los compañeros de Paula Quinteiro.

Si hay otro ejemplo mejor de tonto útil, estoy abierto a escucharlo. De entre todos mención especial a las palabras delirantes de Beiras que afirmó que Quinteiro dejara “de actuar en la sociedad como la persona que representa a la gente más agredida de este pais”, cosa que él debe hacer “full time”.

Demencias al margen, ¿qué hubiera hecho Paula Quinteiro? Deje que la policía hostigue a alguien que juzga inocente? ¿Huir de allí disfrazada? ¿Sería eso más digno? ¿Ocultar su estado como diputada para que luego el le acusase precisamente de eso? Por mucho que me esfuerzo, no puedo encontrar conflictos éticos en su comportamiento. A lo sumo, y sería muy discutible, podría aceptar cierta ingenuidad o falta de experiencia. Pero, ¿no es desproporcionado que esto sea suficiente para pedir su renuncia?

En otras ocasiones fue mucho más magnánimo con estos pecados. En el debate electoral de las pasadas elecciones, Villares ofreció una imagen muy pobre, a años luz de Ana Pontón y compitiendo con el representante de Ciudadanos por ser el peor de la noche. Sus beneficios fueron tan mediocres que incluso sus defensores tuvieron que disculparse por su “falta de experiencia”. Su desinterés tuvo una consecuencia muy trascendental en el resultado de las elecciones. Pero no hubo renuncias. Parece que para una mujer joven gobiernan otras leyes que no gobiernan para hombres bien conectados. Por otra parte, en un espacio tan masculinizado como En Marea, que ha dejado al BNG el honor de presentar la primera mujer candidata presidencial, la guinda que faltaba era expulsar con malas artes a una mujer para, saltandose la paridad, incluir a un hombre

El apogeo del fariseísmo fue el cínico correo electrónico enviado por el Consejo de las Mareas, que justificaba la solicitud de renuncia por el ruido mediático que ellos mismos contribuían a engrandecer. Mientras que enumeraban las grandes virtudes de la diputada y la situación “injusta” dejaban caer que no actuara con limpieza ni rectitud y que no era aceptable que pudiese disfrutar de de “privilegios” por su condición.

Primarias, por cierto, que dan el mandato de ciudadanía a Paula Quinteiro. Legitimidad que no puede arrogarse el Consejo de las Mareas que pide su renuncia. Las miles de personas que participaron en algunos de los procesos por los que llego a ser diputada, refrendado en su momento por mas miles de votantes en las elecciones, contrastan vivamente con la total falta de legitimidad de este Gran Sanedrín, que es el Consejo de las Mareas. Este cuerpo fue elegido en una asamblea, la Plenaria, en la cual sería más justo contar a sus asistentes por docenas que por cientos. En el plenario no asisten ninguno de los referentes de los espacios cambio y se convierte sólo en una ocasión para que Beiras, ante un auditorio escaso y para unos pocos militantes anónimos les riña a los demás por no estar donde el ordena que deben estar.


Incluso los alcaldes de las tres ciudades huyen como
de la plaga de un organismo cuya primera palabra sobre la situación de Galicia y los gallegos todavía está pendiente y que solo sirve para mostrar disputas permanentes. No es extraño que los funcionarios electos que basan su día a día en la construcción de la complicidad y el consenso no quieran relacionarse con espacios que solo generan la camorra. Tampoco es de extrañar que están molestos con la forma de hacer frente a este problema que, en la actualidad, tiene el logro único de ensuciar el nombre de una diputada, exhibiendo nuevas divisiones y dejar de nuevo en evidencia a Villares, y ponen de manifiesto su condición de títere y cadáver político. Chantajeado y obligado por sus apoyos en el Consejo, su ridículo discurso en el Parlamento pidiendo “a titulo personal” la renuncia de Paula Quinteiro y anunciando, supongo que también a titulo personal”, una consulta con las bases muestran bien a las claras que los verdaderos motivos de este caso, son solo el resentimiento y la cólera, llevados al paroxismo de la insensatez. De hecho, una consulta propia para solicitar la renuncia de un colega no debe tener equivalente en la historia mundial de la política. Solo por eso, para que las nuevas generaciones pueden estudiarlo en libros como un ejemplo de la locura de la automutilación de la izquierda, debería hacerse, siempre que, de perder, todos sus promotores también renuncien y desaparezcan para siempre.


Cuando comencé este artículo, estaba pensando en la superioridad moral de la izquierda;
de la asunción de límites éticos exageradamente desproporcionados que, más que colaborar en la limpieza de la vida política, lo único que sirve es crear conflictos estúpidos. Pero este caso no tiene nada que ver con eso. Las palabras “moral” y “ética” están completamente fuera de lugar en un asunto que no muestra mas que miseria, cainismo y una absoluta falta de escrúpulos que se hace obscenamente evidente cuando incluso unas pocas personas son capaces de alimentar incluso con el filtraciónes- el argumentario de La Voz de Galicia y el PP. Esto debería incapacitarlos de por vida de por vida para formar parte de un proyecto político que se tenga por decente.

Aquellos que defienden a Paula Quinteiro y se sienten indignados por esta mala cacería, ¿no inocentes? ¿Con quién pensaban que estaban tratando? Deberíamos recordar la parábola de la rana y el escorpión cuando dice: “Es mi naturaleza”.

Por lo tanto, la lucha descarnada para obtener ventajas en sus luchas internas justifica el daño que podría causar a un proyecto colectivo. Lo que no sorprende cuando no hay lealtad a ningunas siglas, porque después de todo, cambian cada vez según la conveniencia personal. Una de las consecuencias de la llamada “nueva política” que pronto se hizo evidente para los más astutos es que es más fácil elegir las posiciones de poder cuanto más pequeño es el grupo al que se representa. En aras de la “convergencia”, son precisamente las siglas unipersonales las que proporcionan mejores posibilidades para acceder a un cargo.

Esto explica por qué los grupos con nombres desconocidos para la mayoría de los gallegos están tan exageradamente sobrerrepresentados en estos órganos de poder de la “política de cambio” que llegan incluso a los diputados al parlamento. Exactamente, ¿qué representatividad tienen estas personas? El presunto sustituto de Paula Quinteiro dirige una formación de la que no se conocen otros militantes. No pongo en duda el valor de cualquier persona, y en este caso, menos todavía- pero personalmente tengo más confianza en las personas que son capaces de participar en los grupos de proyectos de construcción, asumiendo todos los problemas y conflictos que se producen en la diversidad, en las que necesitan construir coincidencias personalizadas. Paula Quinteiro no solo fue elegida como ciudadana en las elecciones, sino que también pudo competir con éxito en Podemos, un espacio complejo y conflictivo en el que muchas otras personas también tenían sus legítimas ambiciones.

En la política anterior, los participantes en divisiones y rupturas estaban condenados a la irrelevancia. Hoy, estos son precisamente los que históricamente han mostrado más incapacidad para permanecer en proyectos colectivos los privilegiados de esta manera “consensuados” para organizarse. Y precisamente la falta de apoyo es su principal ventaja, no tener que competir contra nadie, aparecer mágicamente en los cuerpos de toma de decisiones por el trabajo y la gracia de la “confluencia”.

En uno de sus monólogos para el mundo, Beiras habló no mucho “de las castas”. Pero precisamente la definición de casta encaja muy bien con la trayectoria de este tipo de personas desconocidas para el público en general que tienen toda una vida detrás de la escena de la política, sin representar siglas o proyectos más allá de su propio proyecto personal. Y a pesar de toda su historia de fracasos, continúa hablando de ética con muy poca ética. Hoy no podemos recordar las razones que se han hecho para justificar las divisiones del pasado más allá de los intereses personales de uno y otro. Eran tan banales que no dejaron huella en la historia, ya que lo banal es hoy el ridículo pretexto del caso de Paula Quinteiro. Lo único que le ha sucedido a la historia ha sido la extinción de aquellos proyectos que un día soñaron con ser mayoritarios e inclusivos. Tal vez algunos tendrían que recordarles otro verso: “Trate de extinguirse con clase y dignidad: piense en el Museo de Historia Natural”.

Anticapitalistas Aragón no comparte la totalidad del artículo pero nos parce interesante para conocer una situción injusta y bochornosa para la izquierda gallega.

https://www.elsaltodiario.com/en-marea/quero-a-cabeza-de-paula-quinteiro

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